Mi relación con mi madre siempre ha sido complicada. Durante toda mi vida he sentido que no era suficiente. Entonces, ¿cómo una hija acostumbrada a la amargura de su relación con su madre decide de repente fotografiarla a distancia de un brazo y someterla a su propia voluntad creativa?
“Fragile” es mi exploración de la memoria, el legado y la transformación. Este proceso no trata simplemente de preservar la memoria, sino de transformarla: un diálogo entre el pasado y el presente, entre mi madre y yo. ¿Cómo absorbemos y reinterpretamos a las figuras que nos han moldeado? ¿Y cómo existe una madre —como persona y como símbolo— más allá de las expectativas que se proyectan sobre ella?
Estudio la imagen de mi madre a través de un proceso de deconstrucción y reconstrucción. Trabajando con fotografías Polaroid y fragmentos de pinturas que ambas amamos, creo collages que conservan y recrean al mismo tiempo. Al cortar, superponer y dibujar sobre los retratos de mi madre, y al reorganizar fragmentos de las obras que ella me enseñó a apreciar, entro en un diálogo con el tiempo, la memoria y la identidad. Le devuelvo su imagen transformada, impregnada de mi propia visión artística.
“Fragile” es un flujo continuo de imágenes, emociones y herencias que pasan de generación en generación. Surge de una misma fuente, pero nunca permanece intacto. Reflexiono sobre mi madre no solo como madre, sino también como mujer. Tiene una historia propia, un mundo interior y experiencias independientes de mí. Esto refleja el proceso natural de crecer, cuando los hijos comienzan a ver a sus padres de una forma más compleja y profunda.
Las Polaroids simbolizan para mí la materialidad de la memoria. Huelen a infancia. Mis padres me fotografiaban y aquello parecía magia. Al cortarlas y volver a ensamblarlas, es como si dijera: “El tiempo nos transforma, pero aún puedo influir en la manera en que somos recordados”. Este proyecto también habla de cómo la imagen de un ser querido continúa viviendo y transformándose dentro de nosotros.
Es mi manera de decir: “Te veo, te comprendo, te recreo para volver a encontrarte, pase lo que pase”. En el diálogo entre aquello que he heredado y aquello que creo por mí misma, vuelvo a nacer y a echar raíces. Tomo el control de la imagen de la mujer que he pasado la vida intentando comprender. Este gesto cuestiona las ideas heredadas sobre la maternidad, la condición de hija y la propia identidad, revelando las frágiles capas de amor, distancia y reconocimiento que existen entre nosotras.

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